27 de noviembre de 2011

Cuando sientes que algo que jamás ha empezado se ha terminado, para siempre.
Cuando pierdes a la persona que más has querido en la vida, aunque sabes que nunca la has tenido.
Cuando lo ves con otra, compartiendo palabras, sonrisas, abrazos y risas que te pertenecían.
Cuando te encuentras sola, en pijama, con una docena de pañuelos en la papelera y lágrimas adornando tu rostro.
Cuando no sabes qué hacer, ni qué decir, ni cómo actuar, porque se te han quitado las ganas de todo, de seguir viviendo.
Pero aún así hay que continuar. 
Hay que pensar que algún día le darás las gracias por haberte dejado escapar.
Que la tristeza no va a durar para siempre, porque no hay nada que sea eterno.
Y que cuando te entren ganas de llorar, tienes que saber que hay que sonreír; porque sonreír es el mejor ataque y la mejor defensa.
Así que cuando sientas que nada tiene sentido, sonríe, porque alguien entonces puede encontrarle sentido a su vida con esa sonrisa, o no, pero al menos tu vida seguirá avanzando en busca de nuevas aventuras, de nuevas historias, de nuevas sonrisas.

5 comentarios:

Laura Drop R. dijo...

¡Qué bonito! Y cuanta razón :)

María dijo...

Hay que sonreir al pensar que los momentos más duros son oportunidades para aprender y crecer. Porque cada instante de tu vida merece la pena si aprendes de él.
Me encanta, de verdad. Has hecho tuya una etapa que también ha sido mía...
Un beso y una sonrisa

(la de las medias negras) dijo...

Diooooos que entrada más perfecta. No tengo más palabras.
Me ha encantado tu blog y oh! gracias por pasarte por el mío! Yo también te sigo(:
(por si te interesa, he subido algo nuevo^^)

IreneCandy dijo...

Carpe diem, dicen!

Un besitooo

Anónimo dijo...

Y... "¡di patata!"